martes, 6 de diciembre de 2016

La mujer entre los francos salios


Los francos, originarios del bajo Rin, formaban una federación de tribus unidas bajo el mando de un jefe. A mediados del siglo IV, tras hacerse estos bárbaros con el control de las vías fluviales del Rin, el emperador Juliano vio la necesidad de alcanzar un acuerdo y atraérselos como aliados. En adelante los francos se ocuparían de defender las fronteras imperiales, y a cambio se les permitía establecerse en el norte de la Galia, que por ellos pasaría a llamarse Francia. Posteriormente iban a saber aprovechar las debilidades del Imperio para ir extendiendo su dominio.

Eran belicosos, y tan pronto luchaban juntos como se enfrentaban entre sí y peleaban por el motivo más insignificante. La situación resultaba bastante caótica hasta que los dos grupos más poderosos lograron imponerse al resto y ejercer el dominio. Estos eran los salios y los ripuarios o renanos.

A mediados del siglo V los salios se situaban en Bélgica, Artois y Picardía, mientras que los ripuarios se habían establecido en el valle del Mosela. Los primeros proclamaron rey a Clodoveo, que sucedía a su padre, Childerico, y era nieto de Meroveo. Este último había dado nombre a la dinastía merovingia. Clodoveo no solo mostraba capacidades bélicas y ardor guerrero, sino que también era un gobernante muy astuto. Llevó a cabo la expansión de los salios por el territorio comprendido entre el Marne y el Sena hasta entrar victorioso en París, que acabaría por convertirse en la capital, desplazando a Soissons. 


Entre los francos la familia comprendía no solo el matrimonio y sus hijos, sino también al resto de parientes que no tenían su propia familia, e incluso a los esclavos. Todos vivían bajo el mismo techo, y se hallaban bajo el dominio del varón, que tenía la obligación de velar por ellos. Los derechos de un franco provenían de estar adscrito a un núcleo familiar, sin el cual carecería de cualquier tipo de protección. La personalidad se adquiría solo cuando el individuo era reconocido por el padre. Había solidaridad entre parientes en lo económico, a la hora de pagar deudas o multas, pero también para reclamar una venganza privada, autorizada por la ley. Se podía, no obstante, renunciar a la familia mediante un rito realizado ante los tribunales.

Los niños eran amamantados por una nodriza hasta cumplir tres años. Antes de alcanzar esa edad no se les podía dar muerte durante una acción bélica; por el contrario, los niños de pecho y las mujeres de los lugares conquistados se llevaban como botín. Según el código de los francos, solo era lícito matar a quienes “podían orinar contra la muralla”. No reconocían el derecho de primogenitura, por lo que la herencia se repartía entre todos los hijos, y esto incluía al propio Estado.

El padre velaba por la pureza de las mujeres mientras permanecían solteras. No se trataba de un trabajo que hubieran de tomarse durante mucho tiempo, ya que se consideraban aptas para el matrimonio al alcanzar los doce o trece años, y una vez casadas era el esposo quien tomaba el relevo como protector. La virginidad era tan importante que la violación de una mujer libre se castigaba con la muerte, y la de una esclava con el pago de su valor. Pero la mujer violada ya no era aceptada, y, al no ser adecuada como esposa, apenas podía encontrar otra salida que ejercer la prostitución.

Durante la ceremonia pública de esponsales se procedía a una compra simbólica de la novia con el pago de una cantidad a sus padres. Esta suma era mayor si se trataba de un segundo matrimonio para la mujer, una medida que tenía por objeto obstaculizar las segundas nupcias de la viuda, algo mal visto, aunque no prohibido. La ceremonia terminaba con la entrega de las arras del novio a la novia, pero el matrimonio no tenía por qué celebrarse de inmediato. Si en algún caso finalmente la unión no se llevaba a cabo y el novio desposaba a otra mujer, debía pagar una fuerte multa. 

Los matrimonios solían ser concertados, y, aunque las leyes merovingias llegaron a prohibir que se celebraran contra la voluntad de la novia, esta se veía obligada a aceptar lo que su familia hubiera dispuesto para ella. A veces se burlaban las disposiciones paternas mediante raptos fingidos llevados a cabo con su consentimiento, pero si el raptor no compensaba a los padres de la novia, el castigo era la castración. El adulterio y el incesto eran severamente castigados, y por lo mismo no se permitían matrimonios entre parientes.

El matrimonio se celebraba con un banquete acompañado de cantos obscenos cuyo objetivo era favorecer la fertilidad de la pareja. La novia recibía regalos diversos, y un par de pantuflas del novio, símbolo de la paz doméstica, además de un anillo de oro como hacían los romanos para simbolizar la fidelidad, tan importante como la virginidad. Los francos castigaban con pena de muerte a la esposa infiel. El varón, en cambio, podía tener concubinas o mantener relaciones con sus propias esclavas, pero si las mantenía con las esclavas de otro, perdía su condición de hombre libre.

Con el beso de los novios terminaba el rito y la pareja era conducida al lecho nupcial. A la mañana siguiente, tras la consumación, el esposo entregaba a la esposa el llamado “morgengabe”, término que significa “regalo de la mañana”. Consistía en destinarle parte de sus bienes para que no quedara desamparada en caso de que él falleciera antes. Esto se consideraba, además, una compensación a la virginidad perdida, con la que el marido adquiría la seguridad de que la descendencia sería suya. 

En el caso de los reyes merovingios, entregaban a sus reinas algunas ciudades y los ingresos que las mismas reportaban. Las ciudades recibidas eran administradas por ellas junto a los obispos o duques correspondientes, y de ahí extraían los fondos con los que fundaban iglesias y conventos y con los que ir reuniendo el ajuar de sus hijas. Era también función de la reina organizar los espectáculos de la corte dando prueba de la riqueza y magnificencia del rey, al objeto de impresionar a sus nobles mostrando su poderío, para así intimidar a los más revoltosos.

Las reinas tenían acceso al tesoro. En realidad el tesoro público se identificaba con el tesoro privado del rey, y se guardaba en su propia habitación. Las reinas carolingias, además, supervisaban el palacio y representaban al rey en su ausencia. Se trataba de una posición que adquirían solamente al ser ungidas y coronadas, un poder que en ningún caso podía detentar una concubina. El propio Carlomagno declaró que lo que la reina ordenara a jueces, ministros, senescales y escanciadores debía ser ejecutado al pie de la letra. 

Las mujeres tuvieron un papel decisivo en la conversión de los hombres al cristianismo, en especial las reinas y princesas. Según Tácito, “piensan que hay en ellas algo de santo y profético, por lo que no desprecian sus consejos ni desdeñan sus respuestas”. El mejor ejemplo de ello fue Clodoveo, rey pagano cuya conversión se cree que fue debida, en buena medida, a la influencia de su esposa, la reina Clotilde, una princesa burgundia católica. En el año 496, Clodoveo recibía el bautismo en la basílica de Reims en compañía de todo su pueblo. Eran los primeros germanos en convertirse. Hasta ese momento los francos habían sido politeístas, y sus creencias se encuadraban en la mitología germana.


20 comentarios:

  1. Tras la desintegración del imperio romano,los distintos pueblos que se asentaron en Europa tuvieron que aprender a sobrevivir, dándose normas o leyes, algunas de lo más pintoresco como bien muestras en tu entrada. De esta forma, el pueblo en cuestión que hoy traes a tu blog dio lugar a la llamada "Ley Salia", de tradición oral y aplicada por muchos pueblos germánicos.
    La ley constituyó el fundamento legislativo de los primitivos franceses durante varios siglos.
    Un saludo y feliz puente, si eres tan afortunada de poder disfrutarlo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una ley que impedía a las mujeres heredar tierras en tiempos merovingios y que cayó en desuso con los carolingios, pero que después, en el siglo XIV, le vino muy bien a alguno para aplicarla a la corona, a pesar de que los francos no la habían hecho para ser interpretada así. Pero todo es manipulable y adaptable cuando acompaña el interés y la ambición.
      http://themaskedlady.blogspot.com.es/2012/01/la-ley-salica-en-francia.html


      No, no tengo puente yo tampoco. Una lástima.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar
  2. Así el Imperio Romano fenecía, en el práctica, con el asentamiento de pueblos, que aplicaban sus propias normas y costumbres, algunas de las cuales no ha contado, en concurrencia con las de Roma.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A cuál se refiere usted que no haya contado, monsieur?

      Feliz tarde.

      Bisous

      Eliminar
    2. Ah, perdón señora Usted lo cuenta todo muy bien. Ha sido mi glotonería. Me comí una ese, y lo que en realidad nos había contado, pareció entenderse como que no lo había hecho. Pues, no hay mal que por bien no venga, así corrijo y tengo el gusto de besar su otra mano.

      Eliminar
    3. Parece ser que el amigo DLT tenía hambre y se zampó una "s".

      Eliminar
    4. Sí, últimamente está muy glotón. Y claro, luego viene el colesterol. Mire que lo tengo avisado, pero nada.

      Bisous

      Eliminar
    5. Tranquilos ambos, que mi apetito está controlado y mi colesterol también. Beso su mano de nuevo, señora; y a usted Cayetano eso no, que no estaría bien visto, y además no me sale de natural, pero un fuerte apretón de manos sí.

      Eliminar
    6. Tampoco se pase usted, maese Dlt, con lo del apretón de manos, que hay gente que le encanta triturar los metacarpianos del prójimo. Digamos entonces, un apretón de manos de intensidad moderada, como es habitual entre gentes civilizadas.

      Eliminar
  3. Me ha encantado, con comentarios incluidos. Muchas gracias. Besetes.

    ResponderEliminar
  4. Y, después de la ley Sálica ya se plantean las bases del feudalismo.Siempre controladas...

    Bueno aunque no hemos tenido clase pero si un montón de actas e informes y mañana a currar.

    Bisous feliz miércoles



    -

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, pronto llegarán las vacaciones de Navidad, y entonces podrá desquitarse de tanta faena.

      Buenas noches, Bertha.

      Bisous

      Eliminar
  5. Hola Madame:
    Me ha gustado mucho su entrada. También la glotonería de nuestro amigo marqués :D .

    Sin embargo, dentro de todo, muchas de esas normas, siguen estando presente en nuestra sociedad, con el derivo evolutivo incluido.

    Estoy de guardia Madame. trabajo también el viernes...Ando disperso. Muy disperso.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vaya, no ha podido usted disfrutar del puente. Espero que se pueda tomar pronto la revancha, al igual que Bertha.

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  6. Ha sido un paseo por una franja de la historia que pide más. Los nombres de los personajes nos retrotraen a la lista de los reyes godos, tan evocadora. Saludos, Madame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eran nombres complicados. A más de uno le hicieron odiar la historia.

      Buenas noches.

      Bisous

      Eliminar
  7. Leyes entre las que me ha llamado la atención esa que decía que se tendría en cuenta la opinión de la novia a la hora de escoger marido, pero que en la práctica ella aceptaba el que le imponía la familia. En fin, una forma bonita de decir que era un matrimonio impuesto por el clan familiar. Nada original.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, difícil encontrar una época en la que le fuera bien a la mujer. Seguimos esperando.

      Gracias, Carmen.

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)